EL SONETO DESDE PETRARCA A NUESTROS DIAS Por: Siomara España Dice el diccionario que soneto es una composición poética de 14 versos en decasílabos, distribuidos en 4 estrofas: dos cuartetos y dos tercetos y que los hay: alejandrinos, dodecasílabos, pentasílabos etc. Como la mayoría de las palabras de nuestro idioma español vienen del latín, el Soneto no escapa de esta acepción pues su palabra madre es Soonaris que viene a significar sonido. Según los investigadores y estudiosos del tema, fue el poeta italiano Giacomo de Lentini quien lo inventara a finales del siglo XII. Después, con la aparición del llamado Dolce Stil Nuevo (Dulce Estilo Nuevo), aparecerán los sonetos que Dante le dedicara a su amada Beatriz, y ya con los versos de Petrarca, el Soneto pasará a la historia, pues fue él quien lo llevara a la absoluta perfección, al cantarle a su amada Laura los más bellos Sonetos en su inmemorable “Cancionero”, dándole la estructura y características definitivas que siguieron los poetas del Siglo de oro español; harto conocido son los autores que lo cultivaron a partir de la estructura petrarquista.
Juan Boscán y Garcilaso de la Vega fueron quienes primero lo adaptaron a la lengua castellana, llegando a ser el soneto “la poesía mas común que tuvo España, y aún toda la cristiandad” como manifestara Fransico Cascales. Por eso cuando hablamos de soneto no deja de pasarse por nuestra cabeza aquella memorable composición que mandara a hacer Violante al famoso “Fénix de los ingenios”, (Lope de Vega) uno de los sonetos más célebres que a modo de juego se va revelando, mientras se despliega armoniosamente hasta terminar en un perfecto soneto. Un soneto me manda hacer Violante Lope de Vega Un soneto me manda hacer Violante que en mi vida me he visto en tal aprieto; catorce versos dicen que es soneto; burla burlando van los tres delante. Yo pensé que no hallara consonante, y estoy a la mitad de otro cuarteto; mas si me veo en el primer terceto, no hay cosa en los cuartetos que me espante. Por el primer terceto voy entrando, y parece que entré con pie derecho, pues fin con este verso le voy dando. Ya estoy en el segundo y aun sospecho que voy los trece versos acabando; contad si son catorce, y está hecho.
Lope de Vega Un soneto constituye por si mismo un poema, una unidad, una estructura cerrada, pero no es cualquier composición, pues exige -a mas de la inspiración, el talento y la inspiración de las musas- un trabajo riguroso y concienzudo, pues más allá de la rima, medida, y otros factores que se deben tener en consideración, es el conjunto de armonías significantes y significados que contenga su estructura total lo que lo calificará como tal Es por eso que el último verso del segundo terceto debe tener un final explosivo, donde se concentre la grandilocuencia del poema, pues la mayor carga del pensamiento y la armonía se sintetiza en el último verso, para así conseguir ese goce estético, indispensable en la poesía, y más aún en la poesía clásica. En cuanto a la rima, su estructura debe ser ABBA ABBA en los dos primeros cuartetos y CDC DCD o CDE CDE en los tercetos, aunque estos pueden gozar de más libertad a gusto de su autor. Lo que no está en discusión es indubitablemente su característica esencial, el ritmo, la musicalidad que debe contener y percibirse casi casi como una sensación sinestesica. Esto se logra gracias a la distribución de los acentos, rimas, pausas o repeticiones que contenga, así como la obligatoriedad de que en cada verso, la décima sílaba sea tónica. Desde los primeros sonetos, muchas han sido las variantes que este ha tolerado, pues los ha habido de diferentes estilos o medidas, el modernismo (corriente literaria que surge en Hispanoamérica con Rubén Darío) hizo al Soneto sus aportaciones particulares, pues gozó de gran plasticidad, ya que los modernistas escribieron con versos alejandrinos o en una mixtura de once, nueve, doce, siete y catorce sílabas métricas, incluso los cuartetos cambiaron su rima. Inolvidable resulta por lo tanto para los amantes del soneto el famoso y perfecto Caupolicán de Rubén Darío: Es algo formidable que vió la vieja raza: robusto tronco de árbol al hombro de un campeón salvaje y aguerrido, cuya fornida maza blandiera el brazo de Hércules, o el brazo de Sansón. Por casco sus cabellos, su pecho por coraza, pudiera tal guerrero de Arauco en la región, lancero de los bosques, Nemrod que todo caza, desjarretar un toro, o estrangular un león. Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día, le vió la tarde pálida, le vió la noche fría, y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán. "¡El Toqui, el Toqui!", clama la conmovida casta. Anduvo, anduvo, anduvo. La Aurora dijo: "Basta", e irguióse la alta frente del gran Caupolicán. Aunque indudablemente las jóvenes generaciones siguen estudiando y buscando nuevas lecturas, los amantes de la poesía clásica se inclinarán por los sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz, especialmente los amorosos, que se inscriben en la larga y variada tradición de occidente, como manifiesta Georgina Sabat de Rivers, "(...) La poesía de Sor Juana recoge la mejor tradición peninsular y también está impregnada de sabor novohispano. En la alta cultura del medio ambiente en que escribía, era la poeta que mejor dominaba el canon poético de la época".
De una reflexión cuerda con que mitiga el dolor de una pasión Sor Juana Imnés de la cruz Con el dolor de la mortal herida, de un agravio de amor me lamentaba, y por ver si la muerte se llegaba, procuraba que fuese más crecida. Toda en el mal el alma divertida, pena por pena su dolor sumaba y en cada circunstancia ponderaba que sobraban mil muertes a una vida. Y cuando, al golpe de uno y otro tiro, rendido el corazón daba penoso señas de dar el último suspiro, no sé con qué destino prodigioso volví en mi acuerdo y dije: -¿Qué me admiro? ¿Quién en amor ha sido más dichoso? Tambien estan los los sonetos cantados al amor, sonetos como los del cubano José Angel Buesa, que se recitan=ban por toda América, o los de Federico García Lorca. Aunque los lectores más contemporáneos recrearán en su memoria los 100 sonetos de amor que Pablo Neruda le dedicara íntegramente a Matilde Urrutia, su musa y compañera. Neruda hizo de sus poemarios una suerte de himno que se ha ido repitiendo y memorizando a través de pueblos e indudablemente trascenderá a las generaciones venideras como uno de los más bellos y elocuentes cantos al amor. Poemas que humildemente denominó “sonetos de madera” y donde confiesa: ”Gran padecimiento tuve al escribirte estos mal llamados sonetos y harto me dolieron y costaron… bien sabía que al costado de cada uno, por afición electiva y elegancia, los poetas de todo tiempo dispusieron de rimas que sonaron como platería cristal o cañonazo. Yo con mucha humildad hice estos sonetos de madera, les dí el sonido de esta opaca y pura sustancia, y así deben llegar a tus oídos…de tales… vestigios construí con hacha, cuchillo, cortaplumas, estas madererías de amor y edifiqué pequeñas casas de catorce tablas para que en ellas vivan tus ojos que adoro y canto”. SONETO XVII Pablo Neruda No te amo como si fueras rosa de sal, topacio o flecha de claveles que propagan el fuego: te amo como se aman ciertas cosas oscuras, secretamente, entre la sombra y el alma. Te amo como la planta que no florece y lleva dentro de sí, escondida, la luz de aquellas flores, y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo el apretado aroma que ascendió de la tierra. Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni de dónde, te amo directamente sin problemas ni orgullo: así te amo porque no sé amar de otra manera, sino así de este modo en que no soy ni eres, tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía, tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño Esto bajo ningún concepto es una arbitrariedad, pues el mismo autor lo explica, desde el inicio de su obra. Neruda supo dotar a los mismos de una limpieza, ritmo y sonoridad que los envuelve en un delicado aroma de amor, madera, pasión o hechizo y partiendo siempre desde el sentimiento íntimo, continua con la destreza de poeta universal al elaborar “pequeñas casas de catorce tablas” aunque algunas tengan también once. Algunos estudiosos coinciden en el hecho de que a partir de los años 80, se dio un nuevo renacer, en cuanto a retomar las estructuras clásicas. Dos grandes poetas surgen a partir de este tiempo, poetas a quienes tengo el privilegio de conocer Carilda Oliver Labra en Cuba y Rodrigo Pesantez Rodas de Ecuador, ambos laureados, aplaudidos y sensibles a la palabra poética más clásica, llevan el estandarte de una poesía vívida y vivida, que los consagra ya al firmamento de los astros de la poesía universal.
ME DESORDENO, AMOR, ME DESORDENO Carilda Oliver Labra Me desordeno, amor, me desordeno cuando voy en tu boca, demorada; y casi sin por qué, casi por nada, te toco con la punta de mi seno. Te toco con la punta de mi seno y con mi soledad desamparada; y acaso sin estar enamorada me desordeno, amor, me desordeno. Y mi suerte de fruta respetada arde en tu mano lúbrica y turbada como una mala promesa de veneno; y aunque quiero besarte arrodillada, cuando voy en tu boca, demorada, me desordeno, amor, me desordeno.
LA COLMENA VACÍA Rodrigo Pesántez Rodas Con miel de abeja, harina y levadura fragüe su cuerpo-mío a fuego lento y al horno del amor le di sustento y al galope del sexo su armadura. La miel en el ombligo fue ternura, la harina desde el trigo se hizo aliento y un palomar de risas en el viento las jarcias desató de su cintura. Copa, cúpula y cópula tuvimos y entre brasas furiosas consumimos la harina, levadura y miel de abeja. Hoy sólo la colmena, el horno, el trigo buscan en el alero del ombligo la astilla de la carne que se aleja. EL SONETO EN LA ACTUALIDAD Lo cierto es que el Soneto en la actualidad está perdiendo su vigencia, ya sea por que las jóvenes generaciones se hayan encaminado hacia el parricidio, o por que los amplios sectores de poetas contemporáneos caminan en busca de nuevos códigos expresivos donde los significantes y significados deambulan más por los campos expresivos de la semiótica que del estructuralismo, llegando a darse una verdadera ruptura con la tradición. Sin embargo los “nuevos” poetas deben tener en consideración la premisa de la que nos habla Mario Benedeti con aquello del “soneto de rigor”, así lo entendieron antes los grandes de la poesía universal: Federico García Lorca, Miguel Hernández, Jorge Luís Borges, Charles Baudelaire, Paul Verlaine, Stéphane Mallarmé, sin olvidar a Góngora, Bécquer, Quevedo, Dante, e incluso grandes narradores y pintores como es el caso de Shaskespeare y Miguel Ángel quienes cultivaron con asiduidad el soneto. ¿POR QUE ESCRIBIR SONETOS HOY? La poesía nace con las formas clásicas, y si bien los grandes poetas cultivaron también el verso libre o blanco, también es cierto que nunca se apartaron del todo de la estructura original, por esta razón se siguen recitando de memoria versos melodiosos, sonoros e inolvidables que han quedado grabados en la memoria de cualquier ser humano sensible a la poesía. En conclusión podemos decir que la belleza de la poesía estriba en su forma y armonía, de ahí al hecho de escoger un lineamiento poético hacia la estructura clásica o hacia la poesía libre, es decisión individual. Años luz me quedan para poder escribir una joya como esta, pero valga el deseo y el intento que lejos de llegar a los de “Madera” de Neruda, se quedan en simples versos de hojalata. Aquí mi intento: DAME ALAS Siomara España Encadéname a tu alma no a tu planta, dame alas corazón, dame respiro, que la vida se irá cual un suspiro y quedo con la voz en la garganta. Si mis cirios desatan tus latidos, dame alas, corazón, como si nada pues mi ave en tu mano su morada, acertó nido y cantos ya perdidos. Tu presencia en mi ruta serpentea, se mira, se refleja, se ladea, dejando los despojos, la fragancia… Y si acaso intuyes lo que siento, expande tu manto sobre el viento y cubre con tus alas mi sustancia.

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