1
He venido del mar
Y no de la boca de los hombres
Que engendraron mis hijos
Con la brutalida de sus gestos
Han enterrado mi presencia
No sé quién soy
Regreso a la ternura de la ola.
2
El amor más la guerra:
La libertad
Se la idealiza en la bandera
Si está muerto mátalo
La tierra la madre
Las cruces los lutos
Los tambores las bendiciones
¿dónde las muertes?
3
Juego de pieles
Atrapados en pasiones
Desafíos
Vencidos en el concierto
De las formas del amor.
4
Soy la palabra desnuda
En la vida sin letanía
Soy los gestos que se desvanecen en el amor
Soy la vagabunda del destino que no precisa
Soy la esclavitud de los pensadores
Soy el juego de los escondrijos
Soy la amante del deseo que vive todas las veces.
5
Los diminutivos
Salen de mi boca
Llegaron hasta el firmamento de lo indiscreto
Pretendo lo absoluto de la singularidad
Morir en el regazo de mi futuro infantil
Tiernamente me acoge el cuerpo moreno
Rodean los años de mi estadía.
LIBRO “CON/ FABULACIONES”,
1992, primer edición, editorial Conejo, Quito, Ecuador
1
La apropiación surca los cuerpos
Sostiene los atavíos del remolino
Ese gran vacío que ha conquistado el terror pero no su muerte
Es el único que profanará los cantos del silencio
De aquel hombre que estuvo atento a la voz
Que surgía como sueño perdido
De un amor caído a un gran anhelo
El miedo aparece
Como dolor incierto en cada cuerpo
No se deja morir
Pelea con la nada
Mata hasta la misma muerte Los hijos del deseo
No copularán con la pupila del alma
Nacieron antes de la cruz
Esas son sus maldiciones
El infierno no existe en ellos
Existe la vida
Y eso es lo más terrible.
2
¿Donde está la constancia del grito?
¿donde la inocencia se escabulle?
¿dónde el horror?
¿dónde está la primera palabra?
¿dónde nació el primer recuerdo?
¿dónde está el espejo del júbilo?
¿por qué los ojos de mi madre me persiguen?
¿por qué los míos la persiguen?
¿en qué juego ensayé mi crímen?
¿acaso en el beso filial?
¿quizás en la muñeca?
¿o en el sentimiento parecido al odio
Donde no deja de estar junto a tus sueños
Donde has muerto tantas veces?
Soy el veredicto
alucino la escala del deseo
envuelvo al sometimiento
hago de mi palabra una mujer
a cada instante
la inhabitable muerte y vida juntas
nunca descansarán
así lo quiso el gran deseo
un minuto de palabra eternamente
He inaugurado las metáforas
no tengo memoria
sólo palabras.
Carmen váscones
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