LEOPOLDO MARÍA PANERO
LOS GRANDES POETAS SE ESTÁN MURIENDO
Ha caído Leopoldo María Panero y aún recuerdo vivamente cuando lo tuvimos en Guayaquil, tan cerca y tan lúcido en su poesía y tan distante en sus largos silencios.
Estuvo en el parque de las iguanas, se sentó en una banqueta, contempló y
se admiró de estos pequeños maravillosos saurios y fumó un cigarrillo.
Caminó por el malecón junto al río donde se quedó perplejo frente al agua,
ahí se detuvo, contempló al manso Guayas, sus lechuguines y la marea que
sube y baja según se pinte el día y mientras contemplaba el río, prendía uno y otro tras otro y otro cigarrillo. Caminó por el Parque Histórico y siguió fumando, le increparon los guardias de seguridad, pero no dejó de hacerlo.
En los ascensores de los hoteles donde marcó el
territorio como propio, sus
anfitriones se murieron de vergüenza, pero no importaba, que importaba, si
al fin y al cabo ya sabían de antemano lo que significaría traerlo, era Panero su fama de poeta, transgresor e irreverente lo antecedía.
Lo tuvimos en el mar de Villamil y entre el patio de las plantas del querido poeta Guayaquileño Augusto Rodríguez, donde bebió mares de coca cola y pan con mantequilla, donde cantó la canción de Mecano en alusión a la bebida, mientras nosotros la coreabamos, nos reíamos y admirábamos de la impresionante humanidad del hasta entonces, casi dios de la poesía, aquel que habíamos concebido y admirado desde lejos y ahora estaba entre nosotros.
anfitriones se murieron de vergüenza, pero no importaba, que importaba, si
al fin y al cabo ya sabían de antemano lo que significaría traerlo, era Panero su fama de poeta, transgresor e irreverente lo antecedía.
Lo tuvimos en el mar de Villamil y entre el patio de las plantas del querido poeta Guayaquileño Augusto Rodríguez, donde bebió mares de coca cola y pan con mantequilla, donde cantó la canción de Mecano en alusión a la bebida, mientras nosotros la coreabamos, nos reíamos y admirábamos de la impresionante humanidad del hasta entonces, casi dios de la poesía, aquel que habíamos concebido y admirado desde lejos y ahora estaba entre nosotros.
Con Luis Alberto Bravo, Beatriz Viteri, Adolfo Santiestevan, Miguel
Antonio Chavez, Dina Bellrhan, Servio Zapata, su enfermera española, Augusto
Rodríguez y Siomara España.
Estuvo en dos que tres recitales de la ciudad, donde las presentaciones no
bastaron, se quedaron cortas ante la lúcida irreverencia y malditismo de
este hombrepoeta, ahí entendí y hoy me atrevo a decir, que Leopoldo María Panero solo nació para la poesía, pues mientras le preguntaban por sus actividades con los locos en el psiquiátrico, él
recitaba en latín, en alemán, recordaba a
viva voz versos de otros poetas y los propios ante la perplejidad del auditorio. En esa especie de dialogo que le prepararon, Panero respondió cuando y
como quiso y ante una desatinada pregunta
acerca del excremento, él dijo con
absoluta naturalidad, “no me gusta el excremento, a mí lo que me gusta es
cagar" suscitando las emocionadas carcajadas de los espectadores.
Queda en su poesía la constantes sobre la rebeldía, el desamor, el sexo, el humor, las
filias, la tragedia y por supuesto la locura.
Queda Panero, el malditismo de sus poemas y aquel libro
escrito en el psiquiátrico de Mondragón y publicado en el 87 entre tantos otros títulos, pero sobre todo esa maravillosa compilación que nos regaló Visor con su poesía completa.
Hoy busco a Panero desde las siete de la mañana, voy a la biblioteca, busco el
libro de Visor, recuerdo que en mi fetichismo guardé uno de sus cigarrillo
entre sus páginas, (después de encenderlo en el balconcito del MACC, le dio una pitada y me dijo, como probándome,
si quieres fumar, toma este, no lo fumé)
el libro se abre y el impacto es enorme, aparece REQUIEM junto al cigarrillo.
Yo soy
un hombre muerto al que llaman Pertur.
En la cena de los hombres quién sabe si mi nombre
algo aún será: ceniza en la mesa
o alimento para el vino.
En la cena de los hombres quién sabe si mi nombre
algo aún será: ceniza en la mesa
o alimento para el vino.
Ha muerto el último de los Poetas Malditos, dicen.
Ha muerto el último de los Paneros Poetas, digo.
Quizá se va cerrando el círculo de su poesía y empieza la leyenda, hasta tanto quedan para comprender, si cabe, un poco de su historia, las cintas: “El desencanto” de Jaime Chávarri
y “Después de tantos años” de Ricardo
Franco.
Adios Poeta, buen viaje Leopoldo, te vas por el Caput Mortis, por el Last River Together con Dioscuros, hacia la Guarida
de un animal que no existe, como
Tarzán
traicionado, como Narciso
el acorde último de las flautas, como El Último Hombre, entonando el Canto del Llanero Solitario.
Te vas en Globo Rojo con El
Tarot del Inconsciente Anónimo, con la Teoría Lautreamontiana del Plagio,
con tus Primeros Poemas con los Últimos poemas, Once Poemas o 7 poemas construidos con la Piedra
Negra o de Temblar por la Heroína. Con la con la Teoría y el Epílogo lanzado Contra España y otros poemas de
no amor.
Te vas como los Locos, como un Orfebre, como El
que no ve mientras nos dices: Así
se fundó Carnaby Sreet, mientras las Tres historias de la vida real seguirán
siendo los “Poemas del manicomio de
Mondragón”.


Comentarios
Un abrazo.